Reordenar la operación de empaque de una franquicia con datos que sí se usaban en piso.
Cuando una cadena de comida preparada empieza a despachar cientos de pedidos al día, el problema rara vez es el cartón. El problema es que nadie sabe con certeza cuántas cajas se armaron, cuántas se aplastaron en la ruta ni cuántas volvieron del punto de venta sin usarse. Este proyecto arrancó justo ahí: con un tablero interno que existía desde hacía dos años, pero que el equipo de cocina y el de logística consultaban por costumbre, no por utilidad.
El panel original se había construido para reportar al corporativo, no para resolver dudas operativas. Mostraba doce indicadores en pantalla, casi todos con cortes mensuales, y ninguno respondía a la pregunta que el supervisor de turno hacía cada mañana: qué caja se estaba quedando corta en la ruta de la tarde. Los datos de merma por aplastamiento se registraban en una hoja aparte, así que la relación entre el gramaje del corrugado y las devoluciones nunca aparecía junta.
También había un problema de tiempo. La información tardaba entre tres y cinco días en consolidarse, suficiente para que cualquier ajuste llegara tarde. Cuando el equipo de compras decidía subir el calibre de una plancha, ya se habían perdido dos turnos de reparto con el material anterior.
La primera decisión fue reducir. De los doce indicadores se conservaron cuatro: unidades armadas por turno, merma por aplastamiento, devoluciones sin uso y consumo de planchas por línea de producto. El resto se movió a un reporte semanal que ya nadie consultaba a diario. Con menos números en pantalla, el supervisor podía leer el estado del día en menos de un minuto antes de abrir la cocina.
La segunda decisión fue cruzar datos que antes vivían separados. La merma por aplastamiento se vinculó al calibre de corrugado usado en cada lote, y las devoluciones se ligaron al tipo de ruta. Así quedó visible que las cajas de doble pared resistían bien el reparto urbano corto, pero se deformaban en los trayectos largos hacia municipios vecinos, donde el vehículo pasaba más horas en movimiento.
El ajuste no fue técnico, fue de rutina. El equipo empezó a revisar el tablero en la junta de arranque de turno, con el mismo peso que la lista de pedidos. Cuando la merma de un lote subía por encima de lo esperado, el responsable de empaque anotaba la causa en el mismo panel, en lugar de mandarla por mensaje a otra área. Ese detalle, pequeño, fue el que sostuvo el cambio: la información dejó de viajar por canales paralelos.
Al tercer mes, la franquicia podía distinguir entre merma real de empaque y daño ocurrido en la ruta. Esa separación permitió negociar mejor con el proveedor de planchas y ajustar el armado en planta sin tocar el diseño de la caja.
El tablero quedó como una herramienta de operación, no de reporte. La lectura diaria se mantuvo incluso después de que el proyecto cerró, porque el equipo la había incorporado a su rutina. El siguiente paso fue extender el mismo criterio a los pedidos de plancha de corrugado kraft, para que el consumo por línea se planeara con la misma lógica con la que se planeaba el reparto.
Si tu operación maneja varios turnos y rutas distintas, vale la pena revisar qué indicadores se consultan de verdad y cuáles solo se acumulan. Puedes ver otros casos en proyectos o escribirnos por contacto para revisar el tuyo.
El proyecto Support Dashboard Refresh se armó por etapas y cada corte quedó documentado con foto. Estas son las vistas que usamos para revisar con el equipo de atención a franquicias: pantallas de monitoreo, planillas de corrugado con marcas de corte, y estibas listas para salir de planta. La idea es simple: si el panel no se entiende en la primera pasada, no sirve para turnos de reparto.
Las piezas se fotografiaron en la nave de Escalerillas, con luz natural de la tarde y sin retoque. Preferimos mostrar el cartón como sale de la línea, con la fibra visible y las marcas de flexografía alineadas. Cada imagen lleva una nota corta sobre qué se estaba probando en ese momento.
Reorganizamos los indicadores de pedidos activos, tiempos de armado y merma por lote en tres columnas. Antes había seis bloques sueltos y el supervisor de turno perdía tiempo buscando el dato de retención térmica.
Fotografiamos la plancha de corrugado kraft después de la troqueladora. Las líneas de doblez quedaron marcadas con tinta clara para que el operador identifique la cara interior sin girar la pieza.
Pila de cajas armadas con retención térmica, separadas por tarima según sucursal. La altura de estiba se ajustó a doce piezas para no deformar la pared inferior durante el traslado.
Registro de logotipo y datos de contacto sobre la cara exterior. Corrimos tres tirajes seguidos para verificar que el registro se mantuviera estable en tiradas largas para la franquicia.
Lado a lado del panel anterior y el actual, con las mismas condiciones de iluminación. La diferencia principal está en la jerarquía: ahora el estado de cada pedido se lee de un vistazo.
Este tablero de soporte no salió de una idea suelta. Detrás hay un equipo de planta y de oficina que revisó pedidos reales de franquicias, midió tiempos de armado y ajustó la información que cada área necesita ver durante la jornada. Aquí van los roles que participaron y lo que aportaron al rediseño.
Trabajo coordinado entre producción, atención a franquicias y logística de entrega en San Luis Potosí.
Llevó el contacto con las cadenas de restaurantes durante las ocho semanas del rediseño. Revisó los reportes de pedidos atrasados y definió qué indicadores debían aparecer primero en el tablero para que el área de soporte pudiera responder sin abrir tres hojas de cálculo distintas.
Supervisó la parte de planta: calibres de cartón kraft, planchas de corrugado y tiempos de armado por turno. Su aporte fue traducir datos de máquina a señales simples, como alertas de baja existencia de plancha antes de que se detenga una línea de empaque.
Reportó qué información falta cuando un pedido sale tarde hacia una sucursal. De ahí salió la idea de mostrar el estado de cada envío junto al inventario de cajas, en lugar de separarlos en dos pantallas como antes.
Reorganizó las vistas para que el personal de soporte vea primero los pedidos con retraso y después el resto. Se redujo el número de clics por consulta y se dejó un registro simple de cada cambio de estado, útil cuando una franquicia pide explicaciones.
Después de rehacer el panel interno de soporte, quedó claro que la herramienta no sirve de nada si el equipo de la planta no sabe a quién escribir cuando algo se atora. Aquí están las vías reales de contacto, cuánto tardamos en responder según el tipo de caso y qué hacer si la duda ya está resuelta en la guía.
Tiempos de respuesta que manejamos hoy: incidencias de pedido en curso, el mismo día hábil; ajustes de diseño o impresión, dos días hábiles; consultas de cuenta nueva, tres días hábiles. Los paros de línea se atienden por teléfono en cuanto entra la llamada.
Antes de escribir, revisa la sección de preguntas frecuentes: ahí están las dudas repetidas sobre medidas de plancha, resistencia a la compresión y reciclaje del corrugado. Muchas se resuelven sin abrir un caso.